Durante la recuperación
de miembros desperdigados tras la explosión de uno de los reactores,
mis compañeros de equipo derrochan imaginación aportando ideas para
las fiestas de nuestra comunidad. Mientras, yo no podía dejar de
pensar en una excusa brillante para no asistir, pero la cabeza
amputada que acabo de encontrar entre los escombros, me suena.
Es Alekséi Veltchaninov.
El accidente me había ahorrado el trabajo, pero había sacrificado a
mi vx858 para provocarlo. Pero si me da igual un saco de huesos, por
qué debería importarme un saco de bot. Igualmente el mandamás me
había prometido un pasaporte para abandonar la comunidad.
Aunque Uruk era una de
las comunidades más prósperas, estaba harta de sus reglas cansinas
que la ayudaban a mejorar. Fomentaban la procreación, pero sólo
para estar rodeados de su principal fuente de recursos, embarazadas.
Les daba igual si iban destinadas a asegurar la descendencia de
alguien, o el plato de algún delirante comensal que era capaz de
pagar una astronómica cantidad por degustar un tierno filete de
bebe.
Veltchaninov luchaba
contra ello, pero las palabras no son tan fuertes como el acero y no
me aseguraba poder escapar de ello. Me deshice de alguien que
comprendía mi miedo, y el de las otras que eran más valientes que
yo y se atrevían a entregarse al amor y dar fruto en su vientre.
Hay un antes y después
de la guerra. El antes es confuso por que a penas era una
adolescente. Perdí a mis padres, por que cuando todo estalló me
pilló en la escuela como a otros niños. No los volví a ver, el
destino nos llevó por caminos distintos.
Tampoco me preocupó,
estuve a cargo de Zzaken, ella me protegió de la guerra como a otros
niños, mientras nos entrenaba para sobrevivir, y si algo aprendí de
ella, fue que sólo importaba la vida, la mía... aunque
la comunidad invite al sacrificio... pero para eso están los
vx858...
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