dijous, 31 de juliol del 2014

Prosperidad



Por fin había llegado la semana grande de nuestra comunidad. Un grupo local estaba amenizando la velada con canciones de antaño, mientras la gente derrochaba energías bailando y empinando el codo.

Yo me refugié en el establecimiento de Kseniya Zhukovski, acababa de hacerle entrega de unos conejos que había obtenido en la partida de caza y estaba bastante agradecida. Aunque no estaba permitido ese tipo de acciones en nuestra comunidad, de vez en cuando, reservaba unas cuantas piezas para ella. Los mandamases hacían la vista gorda, pues su establecimiento, una especie de centro de entretenimiento, por así decirlo, era una gran fuente ingresos para sus bolsillos.

Al ser las fiestas, había más movimiento que de costumbre, sobretodo en la parte de arriba donde estaban los aposentos de los chicos y chicas que recibían y despedían a sus clientes sin cesar. En la de abajo, el trapa trapa de la clientela que acompañaba el runrún de sus conversaciones con el tintín de sus copas.

Siempre me había gustado la compañia de Kseniya, sobretodo desde que heredó el negocio de su marido, hará cosa de un año. Todo el mundo decía que lo llevaba mejor que él. Incluso, llevar el negocio la había cambiado, se la veía 20años más joven, más esbelta y su rostro resplandecía, daba gusto estar con ella, era pura alegría.

Antes de que su marido nos dejara, era todo lo contrario. Sus ojos apagados, cercados por un rostro ensombrecido, cubierto por una mata de pelo grasienta que se posaba sobre su espalda encorbada, moviéndose lentamente, como si no fuera del mundo de los vivos. Recuerdo que cuando hablabas con ella, parecía que fuera a llorar. Siempre con el cuerpo cubierto de telas, para esconder lo que tanto le avergonzaba, años de vejación, humillación, etc.

Aún en ese estado de depresión constante, siempre te regalaba una sonrisa y unas dulces palabras. Su vida era una mierda, pero siempre estaba allí para escucharte, para ayudarte, como si la suya, no lo fuera, de miserable.

Kseniya no lo sabe, o tal vez si, o lo sospecha, pero nunca me ha dicho nada. Yo tampoco se lo voy a decir… pero cuando una mosca cojonera te molesta… a veces te dan ganas de aplastarla… Gracias a eso, disfruto de su compañia, de su sabiduria, es como si fuera la madre que me arrebató la guerra.

diumenge, 13 de juliol del 2014

Sacrificio


Durante la recuperación de miembros desperdigados tras la explosión de uno de los reactores, mis compañeros de equipo derrochan imaginación aportando ideas para las fiestas de nuestra comunidad. Mientras, yo no podía dejar de pensar en una excusa brillante para no asistir, pero la cabeza amputada que acabo de encontrar entre los escombros, me suena.

Es Alekséi Veltchaninov. El accidente me había ahorrado el trabajo, pero había sacrificado a mi vx858 para provocarlo. Pero si me da igual un saco de huesos, por qué debería importarme un saco de bot. Igualmente el mandamás me había prometido un pasaporte para abandonar la comunidad.

Aunque Uruk era una de las comunidades más prósperas, estaba harta de sus reglas cansinas que la ayudaban a mejorar. Fomentaban la procreación, pero sólo para estar rodeados de su principal fuente de recursos, embarazadas. Les daba igual si iban destinadas a asegurar la descendencia de alguien, o el plato de algún delirante comensal que era capaz de pagar una astronómica cantidad por degustar un tierno filete de bebe.

Veltchaninov luchaba contra ello, pero las palabras no son tan fuertes como el acero y no me aseguraba poder escapar de ello. Me deshice de alguien que comprendía mi miedo, y el de las otras que eran más valientes que yo y se atrevían a entregarse al amor y dar fruto en su vientre.

Hay un antes y después de la guerra. El antes es confuso por que a penas era una adolescente. Perdí a mis padres, por que cuando todo estalló me pilló en la escuela como a otros niños. No los volví a ver, el destino nos llevó por caminos distintos.

Tampoco me preocupó, estuve a cargo de Zzaken, ella me protegió de la guerra como a otros niños, mientras nos entrenaba para sobrevivir, y si algo aprendí de ella, fue que sólo importaba la vida, la mía... aunque la comunidad invite al sacrificio... pero para eso están los vx858...

dijous, 10 de juliol del 2014

Energia


Lo que nos sobra es energía. Es una pena que no exista una forma de suministrarla que sea compatible con nosotros. Me refiero a que toda esa energía es capaz de alimentar todos esos trastos que nos rodean y que nos son útiles, pero sin embargo es incapaz de alimentarnos a nosotros mismos.

Tenía entendido que eramos energía, que si eramos capaces de emanar energía también podíamos ingerirla, pero era en plan espiritual o metafísico, pero por lo visto nuestros científicos no han abandonado la idea y creen que en un futuro no muy lejano podremos canalizar la energía de las placas solares para alimentarnos.

No me imagino como mi Vx858, quedándome ensimismada contemplando el sol mientras me regenero... somos demasiado... no sé... nos gusta masticar... la carne... somos depredadores, caníbales, carroñeros... y que hayamos prosperado... sólo significa que algunos sigan royendo el hueso acompañados de una buena copa de vino...

dijous, 3 de juliol del 2014

Solterona


Al ser una solterona cuarentona, sin cargas familiares, servía a la comunidad como cualquier otro miembro que no se ocupase de los niños.

Que las mujeres llevaran los bebes en su vientre no quería decir que fueran capaces de cuidarlos, y mucho menos de protegerlos, sobretodo cuando la carne de bebe seguía siendo en algunas comunidades tan apreciada.

Cuando el viudo Goliadkin llamó a mi puerta, le recibí un poco desaliñada. Le invité a entrar. Noté su nerviosismo en los ojos, mientras nos sentábamos en la cocina, le serví un té, yo ya sabía a que venía, a pedir mi mano, cuando la de su mujer todavía estaba caliente, en su lecho de muerte. Menos mal que mi destino cambió repentinamente esa misma tarde, mientras estaba en la partida de caza junto al joven Andrei, que tras un accidente de caza había dejado sin prometido a la pobre Sasha que acaba de cumplir 18 añitos. Así que con mi voz más triste le conté lo ocurrido y que desafortunadamente ella tenía preferencia, pues era más fértil. Al viudo Goliadkin se le iluminaron los ojos, dejó la taza sin terminar sobre la mesa y voló en busca de su amada.

No sé por quien más lo siento, si por Andrei que estuvo luchando por su vida unos cinco minutos o por Sasha que estará deseando quitarse la suya el resto de su vida...